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27 Oct 2014
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Cuando la propiedad intelectual no es cosa de uno

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Txema Sanchez

Todo el que se dedica al mundo de la redacción, sabe que el tema de los derechos de autor es un recurrente presente casi a diario. Es bien sabido que la citación de fuentes y evitar el plagio son prácticas obligadas, no sólo por ley sino por moral: forma parte del “juramento hipocrático” del periodista no pisar el trabajo ajeno, pero Derechos de autor , ¿Qué ocurre cuando un trabajo plenamente realizado por uno mismo se convierte en propiedad colectiva?

Ejemplo de ello son las plataformas de publicación online que se “apropian” legalmente de todo lo que en ellas compartas, por lo que no es ninguna novedad indicaros que el uso responsable de estas páginas es más que necesario si queremos proteger nuestra autoría, y que el simple hecho de publicar abiertamente algo de nuestra propiedad, no concede potestad sobre su autoría.

Que no se nos atraviese el Derecho

Es por ello por lo que es de vital importancia conocer las leyes que afectan a la autoría, no a nivel experto en Derecho pero sí a nivel usuario, así como a qué podemos atenernos en el caso de que veamos atentada nuestra propiedad intelectual, ya que ningún juez puede darnos por válido a priori un argumento del tipo: “yo lo publiqué antes en esta página”.

Concretamente en España, la ley que protege la propiedad intelectual es el Real Decreto Legislativo 1/1996 de 12 de abril, popularmente conocido como la LPI, y en ella se especifican los supuestos por los cuales una obra nos pertenece plenamente o no, así como distingue figuras como la de derecho moral y derecho económico entre otras.

Como caso que podamos ver comprometida nuestra autoría no sólo está el de las plataformas de publicación, sino aquel en el que de una manera mayor o menor, involucramos a terceros en la elaboración. No tener previsto en qué proporción han trabajado en nuestra obra otras personas como colaboradores, amigos etc. puede tener como consecuencia la consideración de obra colectiva algo que es plenamente nuestro.

Por otra parte, cuando realizamos un trabajo para una empresa, existe el conflicto por el cual se distingue entre los derechos morales y económicos antes presentados: como creadores somos nosotros los poseedores de los derechos morales, pero la empresa, al haber revertido en nosotros una remuneración por la obra, también son claros poseedores de derechos sobre ella.

¿Qué quiere decir “claros poseedores”? Si trabajamos en un artículo para una revista de la cual estamos en nómina (la ley recoge otros supuestos para casos en los que trabajamos como autónomos), los derechos referentes a la propiedad intelectual pertenecen tanto a nosotros como autores, como a la revista por habernos pagado por ello. O más común en el día a día extrapolado al mundo musical, ¿Cuántas bandas o cantantes demandan a sus discográficas por uso indebido de sus canciones? O peor aún, ven ridiculizados sus ideales sirviendo de banda sonora a anuncios en los que no quieren participar.

Cuando otras leyes entran en juego

En ocasiones creamos obras de nuestro puño y letra al 100% y pensamos que por ello no infringimos en derechos de autor, pero hay que tener en cuenta detalles que se nos pueden pasar por encima como el uso de imágenes ilícitas.

Lo primero que hay que tener en cuenta para ello es que toda imagen que usemos si no es de producción propia, debe estar libre de derechos de autor. En caso contrario, debemos pedir permiso al creador para su uso o seguir las indicaciones que en los bancos de imágenes se indican al respecto, ya que normalmente incluso establecen filtros de búsqueda donde puedes indicar el tipo de protección de derecho de autor (libres de derechos, para uso con modificaciones, para uso no comercial etc.)

Este punto, que a priori parece básico, nos puede llevar a errores como el de usar un logotipo de una empresa que ilustre un reportaje sobre esta. A este aspecto entra en juego la conocida como Ley de Marcas, la cual especifica que todo logo relacionado con una empresa debe contar con el consentimiento explícito de esta. Por tanto si hacemos un post haciendo críticas a una corporación e incluimos su logotipo, incurriremos en un delito por esto último, sea cierto o no lo que contemos. Todo ello está protegido por la Propiedad Industrial en la que se enmarca la citada Ley de Marcas, y que en estos casos impera frente a la Propiedad Intelectual.

En resumen, en esta relación de amor-odio entre el Derecho y la creación artística conviene conocer las reglas del juego, que un mal paso acabe por quitarle mérito a tu obra. Si quieres profundizar en los aspectos legales de Internet, la Propiedad Intelectual, Derechos de Autor y muchos más aspectos que darán a tus redacciones un acabado redondo y optimizado en todos los sentidos, en el Postgrado en Comunicación y Periodismo Digital encontrarás estas y otras muchas respuestas. ¡Supera los límites de tu creatividad!

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