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23 Dic 2014
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El cambio y la inteligencia emocional como clave del éxito

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Noelia Estévez

Las normas están cambiando Las normas están cambiando. Esa es la sensación que tenemos, casi todos, desde que en el 2008 una ola llamada crisis se llevara por delante un mundo conocido y nos encontrásemos de bruces con un gigante aterrador llamado cambio.

El libro milenario chino llamado I Ching, o Libro de los Cambios, nos diría que el cambio es la única realidad que existe y según la forma que adopte guiará al hombre hacia el aprendizaje que debe realizar. Puede que una situación requiera ponerse en movimiento o tal vez parar y observar, o que tengamos que ser más creativos, o romper con el pasado, etc. Las referencias continuas en este oráculo a los opuestos (ying-yang, hombre-mujer, cielo-tierra, etc.) se deben a la creencia taoísta de que las fuerzas opuestas son complementarias y necesarias para el equilibrio.

Cambio versus seguridad: el pensamiento oriental frente al occidental

El pensamiento occidental, lógico-racional, no cree tanto en el cambio como en la seguridad que ofrece el conocimiento y la experiencia para controlar el futuro. Desde esta perspectiva, lo más importante son las conductas (no las emociones), los conocimientos (no lo intuitivo) y los resultados (no los procesos). El aprendizaje se basa, principalmente, en la repetición de asociaciones entre conductas-resultados que nos han beneficiado en el pasado y  evitar aquellas que han sido negativas.

Este modelo de aprendizaje es esencial para la supervivencia de cualquier especie y en el caso del ser humano, fundamental para sus primeros años de vida. El niño aprenderá, por ejemplo, que el fuego quema,  que se puede caer si va muy rápido, etc.  Los adultos, por otra parte, para modelar su conducta, utilizarán la recompensa o el castigo, aunque ahora sabemos por numerosos estudios que este tipo de educación no funciona, sobre todo a partir de los 6 años.

En muchas empresas también se emplea la motivación externa. Se puede, por ejemplo, incentivar a los empleados que alcancen sus objetivos a través de una bonificación salarial. De esta forma, siguiendo el pensamiento causa-efecto, si la conducta (A) del empleado le lleva a alcanzar  resultados (B), obtendrá una compensación (C). Si la persona no llega a los resultados planificados no tendría ninguna compensación.

De lo lineal a lo complejo: el estudio del entorno y las emociones

La complejidad del ser humano en un entorno globalizado y tecnológico ha desestabilizado este sistema lineal de estímulo-respuesta provocando que disciplinas, como la psicología y neurociencia, hayan dirigido su interés hacia lo que nos provoca conflicto, el cambio, y  el catalizador de éste: las emociones.

Rueda de las emociones En este contexto, Daniel Goleman publica su libro Inteligencia Emocional que marcaría un hito en el mundo de la educación y de la empresa al poner de relevancia que en lo que respecta a la excelencia y el éxito, las aptitudes emocionales son el doble de importantes que las aptitudes técnicas o intelectuales.

La Inteligencia Emocional se definiría como el conjunto de habilidades que permitirían una mayor adaptabilidad de la persona ante los cambiosconfianza y seguridad en uno mismo, control emocional, automotivación para alcanzar objetivos, comprender los sentimientos de los demásmanejar las relaciones y tener poder de influencia para conseguir cambios positivos en el entorno.

El líder como catalizador de las emociones

La importancia de la Inteligencia Emocional en el liderazgo, por ejemplo, se traslada a que las personas puedan llevar a cabo su trabajo de un modo eficaz. La competencia de un jefe puede medirse por el aprovechamiento, o no, del talento de sus empleados.

Daniel Pink en su libro “Una nueva Mente” (2008) escribe sobre la importancia de la creatividad, la empatía o el pensamiento sistémico para adaptarse a un mundo cada vez más cambiante donde innovación, negocios y humanidades van de la mano. Indica que las organizaciones, para sobrevivir, necesitarán renovar su marca y contratar personal que sea ágil, adaptable, proactivo y capaz de crear puentes entre la realidad interna y fuera de la empresa.

Sin embargo, a punto de cumplirse 30 años de la publicación del libro de Goleman, la Inteligencia Emocional es una gran desconocido en la práctica de la selección y desarrollo de personas a nivel no directivo, aunque sí se está implantando programas de Educación Emocional en numerosos colegios (privados o concertados) de España.

Parece como si tuviéramos miedo o reticencias a  todo lo que tenga que ver con las emociones cuando, como dice Tony Robbins en su conferencia para TED TV “¿Por qué hacemos lo que hacemos?”,  son la fuerza de la vida. Si nos paramos un momento a pensar cuándo nos hemos sentido más motivados, cuándo nos hemos sentidos más conectados y  más felices trabajando… daremos con un estado que no tiene nada que ver con lo racional, sino con el cerebro emocional.

Según explica Mihaly Csikszentmihalyi, psicólogo de la Universidad de Chicago, a este estado se le llama “flujo”, que sería el mejor ejemplo de la Inteligencia Emocional. Este estado aparece cuando una actividad exige que movilicemos todas nuestras habilidades, lo que lleva a que la persona ponga toda su atención en lo que está haciendo hasta el punto de que se olvide que exista otra cosa en el mundo.

Cuando se entra en “flujo”, las emociones están alineadas con la tarea y la persona siente una especie de alegría y optimismo. Lo opuesto al flujo, y lo que lo anularía, sería la reflexión excesiva o el perfeccionismo. Este modelo, que se da en personas altamente comprometidas con su tarea como cirujanos, artistas, deportistas, etc., implica poner a trabajar las emociones al servicio de los conocimientos con lo que se obtienen resultados extraordinarios.

Desde este nuevo pensamiento integrador, la motivación, como explica Daniel Pinkestaría alineada con la autonomía, el talento y el propósito de la persona. El esquema palo-zanahoria quedaría atrás, para dar paso a empresas responsables que tienen en cuenta la individualidad de las personas, sus valores y motivaciones y así provocan que se comprometan solas con sus tareas y resultados.

Tal vez es hora de escribir nuevas reglas que nos sirvan para ganar todos. Si quieres aprender cómo, en el Curso de Selección y desarrollo de personas desde la Inteligencia Emocional, podrás encontrar las claves, herramientas y consejos para que tú y tu equipo forméis parte de ese cambio.

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