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COPPA y adpocalipsis: qué está pasando con la monetización en Youtube

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Si alguien que conoce solo el Youtube actual aterrizara en la plataforma a principios de la década, probablemente se sentiría como en una jungla. Un lugar en el que reinaba el dubstep, las gorras planas, los vídeos de calidad mediocre con luz tungsteno y los canales vivían fundamentalmente de ‘challenges’

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Ahora, los ingresos publicitarios de la plataforma de Google no paran de crecer, batiendo récords en 2019 alcanzando los 15.000 millones de dólares en ingresos publicitarios. Pero ¿qué ocurre con los creadores de contenido?

Ley COPPA: el fin de la publicidad personalizada en los canales de contenido infantil

Hace unas semanas la red social anunció la aplicación de la Ley COPPA propuesta por la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos y que tiene como objetivo proteger la privacidad de los niños. La consecuencia inmediata de la ley es que los contenidos para niños no pueden monetizarse a través de publicidad personalizada, lo que hace que la rentabilidad de los canales infantiles no siga los ritmos actuales.

La red ha confirmado que ello no influye en la cantidad de anunciantes que hay en la plataforma, que seguirá siendo la misma. Sin embargo, la publicidad en Youtube se reubicará en vídeos de youtubers que crean contenido “para adultos”

No obstante todos los canales que incluyan contenido dirigido a una audiencia menor de edad (juguetes, videojuegos, moda, unboxing, videos donde aparecen niños, etcétera) dejan de tener las siguientes funcionalidades que les ayudaban a mejorar sus CTR y monetizar mejor:

  • Targeted Adsense / Adwords Ads 
  • Comentarios aparecen desactivados
  • La campanita no se muestra, por lo que los suscriptores no reciben notificaciones de nuevos vídeos en el canal
  • Pestaña de Comunidad (de gran importancia para SEO en Youtube)
  • Pantallas finales (pierden las recomendaciones personalizadas e invitaciones a hacer clicks)
  • Ver luego

¿Y cómo controla todo esto Youtube? Sencillo. La red indica que son los propios youtubers los que tienen que informar de si su canal ofrece contenidos para niños. En el caso de no hacerlo y que el algoritmo lo descubra, Youtube castigará a dichos canales, podrá imponer multas de hasta 42.000 dólares por vídeo y asumirán el riesgo de que se elimine el canal por completo. Además, la red adelanta que no se harán responsables a nivel jurídico de las situaciones en las que los creadores de contenido infantil tengan problemas legales con particulares.

Contenido blanco por encima de todo

A finales de 2019 el youtuber eslovaco con millones de seguidores, David Dobrik, admitió en una entrevista a Men’s Health que sus ingresos en la red habían pasado de 225.000 dólares al mes a 2.000. Es difícil concretar los motivos de tal descalabro pero si algo está claro es que la red (como otras) huye del contenido polémico. Así, durante los últimos 14 años de vida, ha modificado sus condiciones con el fin de evitar que contenidos relacionados con religión, raza, homofobia, etcétera, esté presente y cada vez es más exigente con aquello que es monetizable con aquello que no.

En líneas generales la adpocalypse fue marcada por tres hitos:

  • PewDiePie publicó contenido antisemita

El joven hizo en 2016 un vídeo en el que a través de una web contactaba con gente que hacía lo que él pidiera a cambio de 5 dólares. Aunque la mayoría de las peticiones fueron denegadas, dos jóvenes aceptaron grabarse mostrando un cartel en el que ponía “Death to all jews”.

A raíz de ello se descubrió que Youtube monetizaba videos de grupos extremistas y los anunciantes reclamaron y consiguieron mayor control sobre dónde se colocaban sus anuncios.

  • Logan Paul mostró un cadáver

En un viaje a Japón en 2017 Logan Paul junto a un grupo de amigos decidió adentrarse en el bosque Aokigahara, conocido como ‘el bosque de los suicidas’. En el vídeo se veían restos humanos. El joven fue castigado con la retirada de Google Preferred.

Poco después Youtube aceleró el proceso de restringir la monetización perjudicando a los creadores pequeños. Para poder monetizar un vídeo era necesario acumular un mínimo de 1.000 suscriptores y más de 4.000 horas de visualización del contenido en los 12 anteriores meses y 10.000 horas en el cómputo total.

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Esto hizo que se quitase la monetización a aquellos que adoptan posiciones extremistas. El problema reside en que los canales divulgativos o quienes critican las actitudes extremistas tampoco reciben remuneración.

¿Cómo han lidiado los youtubers con ello hasta ahora?

Muchos de los creadores de contenido han optado por crear negocios propios. No es extraño en un entorno tan cambiante donde se depende de las decisiones de un tercero. Así, Wismichu, o Ismael Prego lanzaron una marca de ropa llamada Oni Clothing y ha llegado a colaborar con marcas tan importantes como Marvel. Además, el joven gallego es creador de un podcast y creó el documental Bocadillo cuya acción promocional fue un escándalo en el Festival de Sitges.

Las marcas de ropa y merchandising parecen una solución cómoda para los youtubers, pues perfiles tan dispares como Verdeliss y Luisito Comunica también se han aventurado en ello.

Otros youtubers entendieron que la mejor opción era colaborar con medios tradicionales y grandes plataformas digitales:

  • Percebes y Grelos, ahora más conocida por su nombre de pila, Carolina Iglesias, colaboró con Operación Triunfo, Vodafone Yu e ingresó en La Sexta para formar parte de Zapeando.

Algunos de los creadores se unen a redes que les ayudan a gestionar y multiplicar los ingresos y conseguir colaboraciones externas, viajes, etc. Recientemente, Super Holly habló en público de su experiencia negativa con MiTú que durante meses dejó sin fuentes de ingreso a sus creadores. Entre quienes estaban asociados a esta network se encuentran Luisito Comunica, Nury Jiménez o JustYoss.

Lo que está claro es que los modelos de negocio digitales obligan a una reinvención continuada en el tiempo. Las praxis que tuvieron sentido hace unos años han quedado obsoletas en la actualidad. También cambia la forma en la que consumimos contenido, el dispositivo a través del que lo hacemos o qué prefieren las nuevas audiencias.

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