La finalista de la Semana del Emprendedor de IEBS Business School nos desvela cómo su plataforma B2B2C revoluciona el tercer sector a través de la gamificación, la tecnología y el contenido auténtico.
La Semana del Emprendedor de IEBS se ha consolidado como uno de los eventos de referencia dentro del ecosistema internacional. En esta edición, Good World, liderado por Alejandra Ayala, se alzó con el segundo puesto gracias a una propuesta innovadora: una plataforma gamificada que conecta comunidades de rescate animal con marcas que quieren generar un impacto real, transformando cada rescate en una historia visible y sostenible, sin que el rescatista pague el precio.
Hablamos con Alejandra sobre su paso por el programa de IEBS, la viabilidad de su modelo de negocio B2B2C y el futuro de las estrategias de Responsabilidad Social Corporativa (RSC).
IEBS: Alejandra, enhorabuena por este reconocimiento. Lograr que el rescate animal sea sostenible económicamente siempre ha sido el gran talón de Aquiles del sector. ¿Cómo lograste dar con la fórmula del modelo B2B2C para que las marcas financien el ecosistema y los rescatistas no asuman los costes?
Alejandra Ayala: La fórmula no salió de una hoja de cálculo, salió de escuchar el dolor real de los rescatistas en Colombia: personas que aman a los animales pero terminan endeudadas o quemadas porque cargan solas con el costo de cada rescate. Al mismo tiempo, vi que las marcas del sector veterinario, de alimentos y laboratorios necesitan visibilidad genuina y contenido auténtico, pero no tienen un canal confiable para conectar con esa comunidad.
La clave fue entender que no tenía que elegir entre un «modelo de donaciones» o un «modelo comercial»; podía diseñar un sistema donde ambos se necesitan mutuamente. Las marcas no pagan por publicidad tradicional, pagan por ser parte visible y trazable de una historia de rescate real. Y ese pago no sale del bolsillo del rescatista ni de la mascota; sostiene la operación de la plataforma mientras la comunidad, con el apoyo de las marcas, financia la recuperación real del animal.
En otras palabras: diseñé Good World para que el incentivo de la marca, el del rescatista y el del animal apunten todos en la misma dirección. Cuando eso pasa, el dinero deja de ser un obstáculo y se convierte en el motor que mueve todo el ecosistema.
IEBS: En la descripción de su proyecto destaca la «organización de equipos con roles definidos» y la gamificación de la experiencia. ¿Nos puedes poner un ejemplo de cómo un usuario común se convierte en un «héroe» activo dentro de la plataforma?
A.A: Te doy un ejemplo real de cómo se ve esto. Imagina a Camila, que vive en Bogotá, Colombia, y un día encuentra un perrito herido cerca de su casa. Antes de Good World, ella tendría que hacerlo todo sola: tomar las fotos, buscar quién pueda llevarlo al veterinario, conseguir dinero, contar la historia en redes con la esperanza de que alguien ayude, y cargar con el agotamiento de hacer absolutamente todo sin apoyo.
Con Good World, Camila reporta el caso y la plataforma la conecta con un equipo: alguien que se encarga del transporte, alguien que coordina con la veterinaria aliada, alguien que documenta el proceso. Camila ya no es la única responsable, es parte de un equipo con un propósito compartido.
Y a medida que ese caso avanza, ella ve su progreso reflejado en la plataforma: cuántas vidas ha ayudado a salvar, qué nivel de experiencia ha alcanzado, qué reconocimiento ha ganado dentro de la comunidad. No es un juego por jugar, es una manera de honrar visualmente algo que antes era invisible: el esfuerzo real de las personas que rescatan animales todos los días sin que nadie las viera. Esa es la transformación que buscamos: que rescatar deje de sentirse como una carga solitaria y se convierta en una misión colectiva donde cada persona tiene un rol claro y un crecimiento visible. Ahí es donde un usuario común se convierte en un héroe, no porque se lo digamos, sino porque la estructura de la plataforma hace tangible algo que antes nadie reconocía.
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¡Quiero información!IEBS: Vivieron una experiencia colaborativa muy intensa junto a cientos de perfiles globales. ¿De qué manera la energía de la Semana del Emprendedor te ayudó a validar la capacidad narrativa y el propósito social de Good World?
A.A: La Semana del Emprendedor fue un espacio de creatividad colectiva donde pude concretar en tiempo récord ideas que llevaba meses madurando sola. Tener ese ida y vuelta con personas de especialidades completamente distintas, gente que no necesariamente sabía nada de rescate animal, fue revelador, porque me obligó a explicar Good World de una forma que cualquiera pudiera entender y sentir, no solo quienes ya están sensibilizados con la causa.
Ahí fue donde realmente validé la capacidad narrativa del proyecto: si lograba que alguien sin ningún vínculo previo con el rescate animal se emocionara y entendiera el propósito en minutos, sabía que la historia tenía fuerza propia, más allá de mí como fundadora.
Y en cuanto al propósito social, esa energía colaborativa confirmó algo que para mí era clave: Good World no nace como una idea de negocio que después le suma una causa, nace de la causa, y el negocio es lo que la hace sostenible en el tiempo. Ver a otras personas conectarse genuinamente con esa lógica, sin que yo tuviera que insistir, fue la validación más honesta que pude tener.
IEBS: Contar con el apoyo de partners y marcas estratégicas es vital para el ecosistema. ¿Qué le dices a una gran empresa para demostrarle que invertir en Good World es más rentable y transparente que los canales tradicionales de Responsabilidad Social Corporativa (RSC)?
A.A: Le digo algo muy simple: la RSC tradicional casi siempre termina siendo un cheque que se firma una vez al año y una foto institucional que nadie recuerda dos semanas después. Es invisible para el consumidor final y, sinceramente, también es difícil de medir para la misma empresa.
Con Good World eso cambia por completo. La marca no está financiando una causa abstracta, está acompañando, paso a paso, la historia real de un animal que se está recuperando gracias a su apoyo. Eso significa contenido auténtico y constante, no una campaña de un solo momento. Significa que su nombre queda asociado a algo que la gente sigue, comenta y comparte porque le importa de verdad, no porque sea publicidad.
Y si la marca pertenece a la industria animal —una veterinaria, una marca de alimentos— el beneficio va mucho más allá de la imagen: se convierte en un canal real de nuevos clientes. Cada familia que adopta a través de la plataforma queda naturalmente conectada con esa marca, lo que significa que la inversión no se queda en una buena acción puntual, sino que sigue generando valor para la empresa en el tiempo. Al final, lo que le ofrezco a una marca no es caridad, es la diferencia entre donar una vez y construir una relación comercial sostenible alrededor de hacer el bien.
IEBS: Si tuvieras que resumir en una sola frase el mayor aprendizaje que te llevas de la Semana del Emprendedor de IEBS, ¿cuál sería?
A.A: Uno cree que necesita meses o incluso años para desarrollar una idea de negocio, cuando en realidad lo que más falta hace es una fecha límite clara y ese pequeño empujón de la sana competencia para encender la llama que ya estaba ahí.
El éxito de Good World en la Semana del Emprendedor de IEBS nos recuerda que el futuro de las startups ya no se mide únicamente en líneas de código o proyecciones financieras, sino en su capacidad para transformar realidades. Proyectos como el de Alejandra Ayala demuestran que, cuando la innovación tecnológica se pone al servicio de una causa genuina y se respalda con un modelo de negocio inteligente, el impacto social deja de ser una utopía para convertirse en un ecosistema sostenible. En un mercado global cada vez más exigente, iniciativas como esta abren el camino hacia un nuevo estándar empresarial: uno donde hacer el bien es, además, el mejor modelo de negocio posible.
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