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04 Mar 2015
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Gestión y prevención del estrés laboral

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Txema Sanchez

gestion y prevención de estrés

Todo sobre el estrés laboral

El estrés: esa enfermedad tan del S. XXI que es inevitable que afecte en alguna ocasión a todos los trabajadores. ¿Quién no se ha sentido en algún momento con la sensación de que no llega a cubrir todo lo que de nosotros se espera en el entorno laboral? ¿Quién no se ha visto afectado por los famosos “picos de trabajo” que tanto nos descuadran nuestros esquemas?

No sólo esto: llamamos estrés laboral al conjunto de reacciones emocionales, cognitivas, fisiológicas y de comportamiento del trabajador a ciertos aspectos del entorno laboral, por lo que a diferencia de cualquier otra enfermedad, no es cuestión de descansar, relajarnos y tomar buenos hábitos, que también, sino de poner orden a nuestra percepción del entorno, a las amenazas que ponen en peligro nuestra estabilidad mental, y como todo lo que afecta a la psicología es algo complejo.

Un ambiente saneado: primera medida

El estrés viene de agentes externos, por lo que lo primero es que estos sean adecuados, en este caso un entorno laboral donde prime las relaciones fluidas entre empleados y se creen sinergias entre ellos sin el clásico ordeno-mando. Pero ojo, la solución no pasa únicamente por un ambiente distendido: el empleado debe enfrentarse al día a día con una actitud positiva, ser organizado y pulcro con sus tareas y a la mínima indicación de que algo falla o a la mínima frustración, ponerle freno.
Es importante que se aborde cualquier elemento desestabilizante en el empleado puesto que bien es conocido que la organización de una empresa debe funcionar como una maquinaria: con precisión y con todas las piezas bien engrasadas. Cada pieza de esta maquinaria no es más que cada trabajador y lo que los hace funcionar correctamente, entre otras cosas, es el grado correcto de estrés. Pero, ¿Existe el grado correcto de estrés?

Tipos de estrés y su control

La respuesta es sí. Para que nos hagamos una idea de que el estrés puede tener connotaciones positivas (que es a priori lo que nos puede llegar a costar entender), este es al orden laboral lo que el colesterol a nuestro cuerpo: su existencia por sí sola no es mala, pero sí lo es si existe en grados elevados y no se controlan sus niveles.

curva estres

Para el control del estrés lo primero es saber de que tipología estamos hablando y situarlo en la denominada curva de rendimiento. Son tres los tipos de estrés que nos podemos encontrar:

  • Distrés por falta de activación: esta tipología es la producida por la falta de motivación, cuando no se llega a realizar las tareas encomendadas en su totalidad o con el grado de profesionalidad óptimo debido a que estas no producen en el trabajador una implicación adecuada.

 

  • Eustrés o activación óptima: es el punto en el que toda organización debe optar a conseguir. Es aquel estado por el cual, haya mucho trabajo o poco, el empleado se implica al 100% en este, sin distracciónes, sin prisa pero sin pausa. Es el estado el cual nos empuja a querer terminar una tarea no por “quitarnosla de enmedio”, sino por estar orgullosos de su realización e ir de inmediato a por la siguiente para hacerla de igual manera.

 

 

  • Distrés por exceso de activación: es el “quiero y no puedo”. Cuando hay actitud por sacar trabajo pero el calendario, las prioridades o una mala organización nos lo impide.

 

 Diagnóstico y prevención

Una vez tenemos localizado qué tipología de estrés es frecuente en nuestro trabajo y en qué punto de la curva de rendimiento nos encontramos, estaremos en condiciones para aplacarlo.

En el caso del distrés por desmotivación, la solución más inmediata pasa por la comunicación empleador-empleado. Esta falta de activación viene en su mayoría causada por rutinas que se exceden demasiado en el tiempo o por una percepción de que el jefe no ha sabido aprovechar las cualidades de su trabajador. Un diálogo en el cual se haga ver la importancia del día a día de este empleado o una promesa de que las tareas actuales son pasajeras y necesarias, pero que en un futuro se revisarán para sacarle más provecho a su desempeño puede servir para que este empleado recupere el entusiasmo adecuado.
El eustrés, como punto óptimo en el que todo empleado se debe mover, debe mantenerse en el tiempo. Para ello la empresa debe auditorar constantemente a sus empleados y a la carga de trabajo. ¿Han aumentado las necesidades de la organización?, ¿Se necesita una ampliación de plantilla?, ¿Cada empleado desarrolla sus facultades en el día a día?, ¿Puedo contar con cada uno de ellos en momentos de dificultad?, ¿Les gusta realmente su trabajo?, ¿Puedo mejorar sus condiciones? Son preguntas que todo buen jefe debe hacerse varias veces al año.
Por último el distrés por exceso de activación viene a ser el día a día de toda empresa con aspiraciones de crecimiento, por lo que su solución viene de tenerlos bien planificados si se trata de los inevitables “picos de trabajo” o si es una situación que se alarga en el tiempo, siendo esto muy nocivo para la organización y para los empleados.

Una redistribución de tareas y refuerzos de plantilla es la solución más inmediata para estos casos. La segunda viene de dar un merecido respiro a los empleados que den síntomas de este distrés, ya sea planteándoles unos días libres, entren o no dentro de su calendario vacacional, o delegando sus principales funciones en otros trabajadores más aliviados de carga.

Evitar el “síndrome burnout” a toda costa

Se denomina síndrome burnout a aquellos altos síntomas de desgaste que se aprecian en un empleado tras un prolongado periodo de estrés nocivo. Esta situación es causa mayoritariamente del afán empresarial por querer mantener una organización al mismo coste, con los mismos medios y sin tener en cuenta las necesidades de los empleados a este respecto.

Señales que indican principios de estrés en un empleado:
-Pierde la iniciativa y se limita a tareas básicas afines a su puesto
-Se muestra a la defensiva constantemente
-No se pronuncia si no es reclamado por algún superior
-Mirada perdida por momentos, no es efusivo en las relaciones básicas, como los saludos al llegar, o las omite directamente
-Gestos “delatores” como prominencia de suspiros, ceño fruncido, andar cabizbajo o aspecto cansado

El síndrome burnout es el cáncer de toda organización, y su aparición en tan sólo un empleado puede “podrir” al resto, que lo interpretan como una muestra de cómo la empresa explota o desmerece a un compañero sin remediarlo. Nuevamente apelamos a la comunicación y a la auditoría frecuente (conocer el estado de la organización en todo momento) como soluciones ante un sólo indicio de aparición de este extremo caso de estrés.

Una ventana al cambio

Cuando se detecten puntos de estrés elevado, es obligación (y de esto versa este artículo) de la empresa y del empleado ponerle freno y remediarlo, pero apelando al símil de “la maquinaria perfecta”, en ocasiones con engrasar una pieza o repararla no es suficiente y se debe tener en cuenta la sustitución como posible remedio.

Estos casos hay que tenerlos en cuenta sobre todo cuando, ya sea por parte del empleado como por parte del empleador, se tiene la impresión de encontrarnos en un “callejón sin salida“: el trabajador no se encuentra a gusto en su posición dentro de la organización y el jefe no puede o no quiere facilitarle el cambio o mejorarle el entorno.
El exceso de estrés no es motivo de broma, por lo que toda medida que se lleve a cabo, pueda parecer drástica o no, para su erradicación, debe tenerse en cuenta sin condicionantes, ya que ni lo económico, ni lo laboral manda sobre la salud.

En IEBS consideramos todos los factores del entorno laboral, ya sean externos o internos, como fundamentales para el desempleo de cualquier tarea. Es por ello por lo que en nuestro Máster en Dirección Innovadora de los Recursos Humanos hacemos hincapié en los condicionantes y en la importancia de un correcto ecosistema de trabajo. ¡Que nada te desestabilice!

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